Elogio a la lentitud

Habitualmente, en nuestra sociedad materialista se da mucha importancia a la rentabilidad, todo tiene que tener un valor añadido y este concepto lleva, a que nuestra vida también tenga que desarrollarse a toda velocidad para poder hacer muchas más cosas.
 
Se puede observar que en las ofertas de empleo se buscan,  sobre todo, personas que puedan desempeñar varias funciones al mismo tiempo. Nunca he visto una oferta en la que se pida alguien que sepa hacer las cosas con atención plena y con conciencia, eso no interesa, eso no genera demasiada ganancia, o eso se cree.
 
Ciertamente, esto no deja de ser solamente un concepto, la realidad es bien distinta. Esta forma de funcionar interesa porque  deja al ser humano sin conciencia de sí mismo y lo adormece en un aturdimiento que lo empuja cada vez más a la búsqueda de escape, encontrando siempre esa salida en distracciones, que siempre tienen que ver con el consumo.
 
Esta situación produce un círculo vicioso del que es bastante difícil salir. La continua aceleración va desgastando a la persona que cada vez necesita más actividades ocioso-consumistas, que a su vez tiene que pagar, por lo que tiene que seguir produciendo para poder conseguir el dinero necesario.
 
Aún así, cuando se pregunta a cualquier persona qué cosas son las que para él o ella son realmente importantes en la vida, la respuesta siempre tiene que ver con cosas sencillas que nada tienen que ver con el consumo al que nos hemos acostumbrado. No es más satisfactorio comer en un restaurante caro con tu familia que comer en casa o en el campo. Tampoco es  mucho más agradable cenar con tu pareja en una  isla exótica que en el balcón de tu casa adornándolo con unas velas.
 
Lo verdaderamente importante es el compartir, lo que sea y donde sea con esas personas, y así lo sentimos de verdad, lo que pasa que vamos tan deprisa que ni nos podemos parar a reflexionar sobre ello.
 
Cada día son más los movimientos a nivel mundial que promueven un modo de vida más lento, más consciente. Sí conseguimos entrar en esa nueva forma de vivir, seguro que seremos capaces de apreciar nuestra existencia en su verdadera dimensión y probablemente cuando nos marchemos de este maravilloso planeta podremos sentir aquello que dijo Neruda de  “Confieso que he vivido”.
 
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