La sanidad contra la salud

Antiguamente había un tipo de enfermedad que prácticamente no existía, me refiero a las enfermedades crónicas. Lo normal era que aparecieran enfermedades agudas, que se solucionaban, o no, y la persona volvía a su estado normal de salud.
Hoy en día, sin embargo, lo raro es encontrar a una persona que carezca de algún tipo de dolencia crónica o casi crónica y que no tenga que medicarse de alguna forma.
Es cierto, que mucha gente empieza a preguntarse a qué se debe esta especie de plaga que nos asola de enfermos por todas partes. No obstante, casi nadie tiene demasiado interés en saber el porqué. Se suelen quedar en la pregunta y lo achacan de forma muy superficial a algún tipo de hipotético envenenamiento en nuestra comida. Cosa que es bastante cierta.
Pero eso no es tan simple. Para poder ir más allá de esa pregunta hay que profundizar un poco más. Habría que reflexionar acerca de la comodidad que nos ha ido embargando de forma silenciosa y que nos ha hecho otorgar nuestro poder a la todopoderosa medicina.
Para muchísimas personas resulta mucho más cómodo tomarse un medicamento que inhiba los síntomas que con tanto esfuerzo nos lanza el cuerpo, que intentar entender qué me está diciendo ese síntoma y hacer algo al respecto. Aquí no estaría mal recordar que el consumo de fármacos está en el tercer lugar de las causas de muerte a nivel mundial.
Ese hacer algo, puede venir desde ver que hago con ese trabajo que me está matando o con esa relación que me esclaviza, hasta procurar investigar acerca de lo que pongo en mi plato cada día y preguntarme si eso es lo más adecuado para que mi cuerpo goce de la salud que quiero.
Nos hemos acostumbrado a que nos lo den todo hecho y eso nos hace convertirnos en seres dependientes sin ningún tipo de poder.
Vívimos en un sueño del que muchos ya estamos despertando. Creíamos que el poder estaba fuera, que no eramos nadie y que todo lo que necesitamos tiene que venir del exterior.
Eso no es verdad, abre los ojos y date cuenta de que tú eres el único que puedes saber qué es lo mejor para ti. Pero para eso debes olvidar el falso sentido que le hemos dado a aquella frase dicha hace mucho tiempo de “ama a los demás como a ti mismo». Siempre primero a ti mismo, alguien que no sabe como amarse nunca sabrá como amar a otro.
Despierta y observa el juego que se está llevando a cabo a tu costa ahí fuera. Date cuenta de cómo entregas tu soberanía cada vez que crees ciegamente en lo que una persona, ya  sea médico, curandero, o chamán, te está diciendo acerca de ti mismo. Para un momento y escúchate, todas las respuestas las tienes tú.
La verdadera historia ocurre dentro de ti y solo tú puedes escucharla.

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