Darwinismo, otra forma de poder

Mi innata tendencia rebelde, me hace simpatizar en grado extremo con aquellos que, como yo, encuentran muy difícil adaptarse a la forma de vida imperante. Uno de mis rebeldes favoritos es Máximo Sandín (1950) que es doctor en Ciencias Biólogicas y en Bioantropología.
 
Fue profesor de Evolución Humana y Ecología en el Departamento de Biología de la Universidad Autónoma de Madrid. Actualmente está retirado y, según sus propias palabras, prefirió retirarse antes de la llegada del Plan Bolonia.
Es autor de varios libros en los que pone de manifiesto su aportación a la teoría de la evolución. una revisión de la tesis darwiniana a través de la competitividad.
 
Sandín propone  una visión más solidaria, colaboracionista, sólidamente afianzada  en las ideas del biólogo francés Jean B. Lamarck y en los más recientes descubrimientos
 
Según su forma de verlo, Darwin supuso una catástrofe para la biología, porque la sacó del camino en el que se encontraba, muy bien orientado científicamente, y la convirtió en una interpretación de la naturaleza, en una visión sórdida y cruel de la vida.
 
Darwin, opina Sandín, convirtió la evolución en  un campo de batalla en el que solo sobreviven los que tienen alguna ventaja, con un sospechoso parecido a los conceptos del libre mercado.
 
La realidad es, que, bajo su punto de vista, el problema no es Darwin, sino el darwinismo, que Máximo considera una creación ajena a él.
 
En sus libros deja constancia de que Darwin era un aficionado a la naturaleza, con buena posición económica y tiempo libre en abundancia. Tras observar ganaderos y agricultores de la zona, se le ocurrió que al igual que estos seleccionaban animales o plantas  que resultaban con mayor ventaja, fuera probable que la naturaleza, quizá, seleccionara animales que contaran con alguna ventaja respecto a los demás.
 
Este argumento, dice Sandín, es pura especulación sin base científica, junto con la concepción maltusiana de la vida (competencia permanente de todos contra todos) que es lo que se ha conformado como la visión darwinista de la vida.
 
Y así vivimos, manifestando una realidad competitiva y reduccionista en las relaciones entre los seres vivos (incluso entre sus más íntimos componentes), que  ha conducido a una visión mísera y desfigurada de la Naturaleza y ha provocado graves desequilibrios entre sus componentes fundamentales.
 
 El determinismo genético (sin el cual la selección “natural” no tendría sentido) extendido a las relaciones entre los seres humanos y la consideración de que los defectos, las enfermedades, incluso el comportamiento, están “inscritos en nuestros genes”, han tenido espantosas consecuencias para millones de personas más desfavorecidas y a la vez,  para muchos, constituye una justificación “científica” de las desigualdades humanas.
 
Aquí os dejo una esplendida entrevista que Alish hizo a Máximo Sandín hace unos años.

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