¿Quién te dijo que tienes que ser perfecto?

¿No  te has preguntado nunca de dónde viene nuestra continua búsqueda por conseguir la perfección? Pasamos la vida intentando «mejorar»… ¿Mejorar con relación a qué? ¿Con quién o con qué tenemos que hacer esa comparación? Intentamos mejorar en cuanto a los conocimientos adquiridos, también queremos mejorar nuestro aspecto físico, la relación que mantenemos con otras personas, el aspecto de nuestra casa, y por supuesto el próximo coche que nos compremos también tiene que ser mejor…

Lo mismo les suceda a todas aquellas personas interesadas en el crecimiento personal y espiritual, procuran, por todos los  medios, llegar a una supuesta meta o iluminación, en la que la búsqueda de la perfección está más que implícita.

Lo que a mi me confunde, es el hecho de que para poder llegar a esa perfección ansiada vivimos una vida basada en el juicio y en la supuesta compensación de «faltas». Fantaseamos con el hecho de que la situación que se está desarrollando en el momento presente siempre es mejorable, con lo que se produce una huida de lo único que realmente existe, perdiéndonos entonces, nuestro verdadero vivir en aras de un futuro siempre inalcanzable, ya que cuando llega siempre se convierte en presente.

El futuro es una de las  muchas drogas masivamente consumidas por la humanidad. Esta droga consigue apartarnos  momentáneamente de los sufrires derivados de nuestra falta de aceptación de lo que está ocurriendo en el momento presente.

A mí, en este momento, se me antoja muy cansado el vivir en esa recurrente búsqueda de perfección. Estoy segura de que esa es otra creencia de las muchas que heredamos y que emanan de la idea de separación que nos inoculan diariamente en los medios de comunicación.

Cada vez que intentamos mejorar y nos comparamos con aquel que creemos que está por encima o por debajo, conseguimos perpetuar la idea de la competición en la base de nuestra vida. ¡Qué raro se me haría imaginar a mi mano derecha compitiendo con mi mano izquierda, cuando las dos son partes del mismo cuerpo! Pues algo así es lo que sucede en nuestra experiencia de vida cuando nos comparamos con los demás.

Todos somos perfectos tal y como somos en el momento presente, no hay nada que mejorar, nada está mal, ni bien, todo es como debe de ser y cada uno, en su singularidad es parte del Todo que nos contiene. La idea de que estamos separados es la ilusión más grande de todas.

«Olvídate de hacer una ofrenda perfecta» «En todo hay una grieta. Es gracias a ella por lo que la luz puede entrar» canta Leonard Cohen.

¿Quién te dijo que tenías que ser perfecto?
La perfección es siempre Ahora

 

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