El peligro de los protectores solares

Cuando yo era una niña nadie pensaba que el sol era un enemigo. Es cierto que, en muchas ocasiones, todos hemos podido comprobar que si no controlamos el tiempo de exposición o la hora en la que estamos al sol, nuestra piel se puede resentir, incluso de forma grave. Sin embargo antes, los casos de cáncer de piel eran hechos aislados y la forma de protegernos pasaba por ponernos a la sombra o cubrirnos la piel.

Hoy en día no obstante, la mayoría de la gente considera el sol como uno de los mayores enemigos para la salud, cuando la realidad es justo al contrario. Como ya he comentado, el déficit de vitamina D está a la orden del día entre la mayoría de las personas debido, sobre todo, a una escasa exposición al sol y está relacionado directamente con el melanoma y muchas otras disfunciones. También habría que considerar que el sol es una fuente de vida para todas las especies que habitamos el planeta, sin la cual seríamos incapaces de vivir.

Es debido a este miedo inducido por lo que la mayoría de las personas usan cremas protectoras de forma habitual e indiscriminada. Lo que no es conocido es que este tipo de protectores han sido investigados por el Environmental Working Group, y otros grupos independientes, descubriendo que casi la mitad de estos 500 productos pueden aumentar la velocidad en la cual las células malignas desarrollan y extienden el cáncer de piel al contener vitamina A y sus derivados, retinol y retinol palmitato. Según un estudio de la FDA es conocido que la forma de Vitamina A, Retinil Palmitato, al ser aplicado en la piel en presencia de la luz solar, puede acelerar el desarrollo de tumores y lesiones de la piel.  Esta evidencia es alarmante ya que la el 41% de los protectores solares contienen Retinil Palmitato.

Personalmente, me resulta muy curioso observar a personas, niños en muchas ocasiones, en playas y piscinas que se embadurnan de cremas protectoras y sin embargo no se dan cuenta de que su propia piel es el mejor protector siempre que no le den una cantidad excesiva de sol.

El sentido común, que por cierto es gratuito, nos hace entender que hay ciertas horas del día en las que deberíamos estar a la sombra o, por lo menos cubiertos con alguna ropa ligera, y que exactamente igual que cualquier fuente calorífica puede quemarnos, también nuestra piel se quema si pasamos demasiado tiempo al sol y lo hacemos a las horas centrales del día. Aún así, insistimos en pasar días enteros con nuestra piel a rebosar de químicos que nos protejan, insistiendo en ello verano tras verano sin imaginar que en un momento determinado esta falta de cordura puede traernos graves consecuencias.

Una vez más, como humanos exentos de potestad , entregamos el poder de nuestras decisiones intuitivas y razonables a fuentes exteriores que basan  sus actuaciones más en el lucro que la seguridad de sus consumidores.

Lo mejor de todo esto es que ciertos seres humanos están comenzando a hacer un alto en el camino para intentar recordar donde perdieron su señorío y procurar recobrarlo lo antes posible.

 

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