Del nacer y del morir.

Cuando un nuevo ser humano aparece en este planeta solemos celebrarlo por todo lo alto. En nuestra forma de interpretar la realidad entendemos que un nacimiento es algo milagroso y siempre relacionado con un acontecimiento cargado de felicidad. Entendemos que el nacer es algo sencillo y exento de dificultad.

Sin embargo, cuando abandonamos nuestro cuerpo físico, cosa que es mucho más fácil de llevar a cabo que un nacimiento, entendemos que es algo difícil, doloroso y cargado de tristeza.

Observando estos dos acontecimientos de la manera habitual y frecuente, una vez más olvidamos ir hasta el fondo de las cosas.

Cuando un ser humano encarna en este cuerpo estrecho y limitado, la grandeza de su linaje se ve reducida a un montón de tallas menos en las que tiene que introducirse, sí o sí. El reajuste se puede intuir cuanto menos incómodo, por no hablar del consiguiente olvido de quien realmente somos y de los esfuerzos que el cuerpecillo debe hacer para pasar  por el canal de parto. Después de todo esto, reaparecemos en un mundo ruidoso y en muchas ocasiones frío y con exceso de luz, debiendo entonces, comenzar a vivir bajo las directrices de un mundo material del que poco sabemos. Sí nos ponemos del lado del naciente, la cosa podría ser menos festiva de lo que lo sentimos nosotros, los que le recibimos.

Intuyo yo, sin embargo, lo que tiene que ser el momento en el que por fin te quitas el traje que, durante tanto tiempo te apretaba, y recuperas tus descomunales dimensiones siendo capaz de recordar quien eres y quien somos todos, y solo puedo sentir liberación y alivio. Me pregunto  en qué momento llegamos a entender la muerte como algo triste y negativo. ¿A quién en su sano juicio le parecería triste o terrorífico volver al hogar?

¿No será entonces que no entendemos el morir y el nacer bajo el punto de vista del que protagoniza la historia? El que nace, seguramente lo pasa apretadillo, mientras los que lo reciben brindan por su llegada, y el que muere respira por fin aliviado mientras que los que lo despiden lloran su ausencia…

Una vez más, sobre todo en el tema de la muerte, se nos ha programado para temerla, promoviendo así también el miedo a la vida y consiguiendo también de esta forma privar al ser humano del conocimiento de su gran poderío.

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