La ética y la excelencia personal

Justo hoy, andaba dándole vueltas de forma consciente, a la falta de control que los seres humanos tenemos en nuestra vida, por mucho que creamos lo contrario. Creemos que, anticipándonos a todos los miedos que nos produce el vivir, podemos crear una vida «segura». Además hemos creado un sistema que se asegura de «protegernos» y hacernos creer que con esa protección tendremos una vida feliz asegurada. Es fácil, no obstante, darse cuenta de la falacia que es el control. Cuando controlamos, lo único que conseguimos es mantenernos ocupados mientras nuestra sensación de vacío nos inunda sin que nos demos cuenta, ahogándonos en nuestros propios miedos.

Según el psicólogo Howard Garnder, creador de la teoría de las inteligencias múltiples, la mayoría de las personas que estudian ingenierías o estudios tecnológicos acaban dándose cuenta de que la sensación de control que tienen sobre su vida en el fondo es irreal: solo nos concentramos en lo que tiene solución y en las preguntas con respuesta; respuestas que son fáciles de hallar durante años pero al llegar a la madurez y entender la imposibilidad de controlarlo todo, surge la crisis y la desorientación.

Según sus investigaciones, ha podido comprobar que en el sistema educativo hay una falta importante de estudios humanísticos que harían mucho más comprensible la vida del ser humano. Probablemente, la ausencia de este tipo de estudios, como por ejemplo la Filosofía o la Historia del Pensamiento, son parte del plan que, poco a poco, está consiguiendo que la humanidad se reduzca a un puñado de esclavos que no saben que lo son…

Me parece muy interesante su planteamiento acerca de que una mala persona nunca llega a ser un buen profesional, al que llega tras comprobar que los mejores profesionales son siempre ECE: excelentes, comprometidos y éticos. La ética está aceptada en cierta medida en la juventud pero no al  iniciar la carrera, pues los estudiantes la comienzan afectados por las creencias que la sociedad en la que han crecido les ha inculcado, creyendo que sin competencia no llegaran a ningún sitio ni triunfarán. Entienden que la ética es un lujo de los que ya han logrado el éxito, por lo que gracias a la crisis de la madurez algunos de estos profesionales se convierten en las excelencias de las que habla Howard Gardner.

Una vez más, llego a la conclusión que una sociedad que respete la singularidad de todos sus individuos, será una sociedad más justa y pacífica. Así mismo, observo que por mucho que nos propongamos controlar a la vida, la vida, afortunadamente, se desarrolla haciendo caso omiso a nuestros deseos manipuladores.

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