¿Somos la historia que nos contamos?

Llevo muchos años trabajando y acompañando a personas con demencia y hoy, como otras muchas veces, observaba a varias de estas personas entendiendo, un poco más, la realidad en la que viven.

He podido percibir que la forma en la que ellos viven esa «realidad» no es muy diferente de lo que vivimos las personas que nos consideramos no dementes. Para empezar ni siquiera podemos hablar de realidad, ya que de real tiene bastante poco. Nuestra historia es una mezcla de ideas y creencias propias y heredadas.

Estas personas, según lo siento, viven, como todo ser humano, en un mundo ilusorio, con la diferencia de que han perdido la capacidad para entrar y salir en ese mundo y sobre todo de controlar sus impulsos. Viven inmersos en su historia sin tener la capacidad de distanciarse y ver la película con un mínimo de perspectiva.

Sus acciones y discursos suelen ser repetitivos y en la mayoría de los casos dejan extenuado al cuerpo físico. Esto sucede a pesar de que los fármacos que ingieren minimicen, en cierta medida, su imparable sinsentido.

Pensaba yo, observando todo esto, en la poca diferencia que existe entre estas personas y los que nos consideramos no dementes. ¿Cuántas personas pueden ver con distancia sus diversos comportamientos? Normalmente, actuamos como si fuéramos autómatas, prestando muy poca atención a cada una de nuestras acciones, convencidos además, de que la historia que nos sucede y que nuestra mente interpreta es auténtica. De alguna forma, vivimos también en un mundo imaginario e irreal, que por el momento nos hace sentir medio bien, pero que en la medida en la que no seamos capaces de observar con cierta distancia, podrá llegar a ser tan absurdo como el mundo en el que viven las personas con demencia, si lo observamos desde afuera.

De forma resumida podría decir que estas personas, y todas las personas en general, con demencia o sin ella, vivimos alejados de nuestra esencia debido a que nos creemos la historia que nos contamos sobre quien somos y el papel que creemos representar en esa película, y cada uno en su medida, hemos olvidado que el protagonista real de la vida que llevamos a cabo, está poco interesado en esa historia que tanto seduce a nuestra mente.

Nuestro verdadero y genuino protagonista nada sabe de papeles ni de historias personales. Solo pretende el vivir por vivir, el gozo y el disfrute, ajeno por completo a los sufrimientos ocasionados por la indentificación con los papeles que creemos vivir nosotros.

Vivamos pues y olvidemos que somos algo más que la Vida misma.

 

 

 

 

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