Los sustitutos que utilizamos

Con solo una pequeña reflexión acerca del mundo en el que vivimos, podremos darnos cuenta de que cada vez es más habitual que los seres humanos consumamos sustancias que nos ayuden a llevar a cabo actividades que, de otra forma, no llevaríamos a cabo.

Es habitual ver las calles, sobre todo las del pueblo donde yo vivo, en el que hay pocos servicios de limpieza, llenas de latas de refrescos que contienen cafeína, taurina, y todo tipo de sustancias estimulantes, que se venden bajo la promesa de elevarnos la energía que en ese momento no tenemos. No es que no tengamos la energía en ese momento, es que debido a que estamos viviendo una vida fuera de nosotros mismos, desarrollamos un exceso de actividad frenética que nos tiene agotados, y nosotros, en lugar de poder llevar a cabo el merecido descanso, exigimos a nuestro organismo seguir funcionando al precio que sea.

Así mismo, es habitual ver como la gente necesita tomar dosis altísimas de café, sobre todo para poder despertarse por la mañana, ya que al no dormir lo que necesitamos, el cuerpo es incapaz de despertarse de forma natural y progresiva, tal y como sería lo natural y deseable.

De la misma forma, el consumo de bebidas alcohólicas y drogas de todo tipo, forman parte del consumo del día de muchos seres humanos, que no pudiendo tirar con la vida que llevan, recurren a ello en busca de alivio y anestesia, aunque solo sea de forma momentánea.

También podemos trasladar esta necesidad de sustitutos a nuestra vida sexual. Para ellas lubricantes que les  ayudan a estar «disponibles», aunque nuestro cuerpo diga que no, recurriendo a la no lubricación; y para ellos Viagra, que consigue hacerte sentir un poco más vivo, sin tener que hacer lo más mínimo a la hora de revisar el estilo de vida que llevas.

¿Cómo hemos podido ceder tanto nuestro verdadero poder? Está claro que ha sido de forma lenta y sinuosa, como en la parábola de la rana hervida. Nos hemos ido acostumbrando a llevar un tipo de vida ajena a nuestro verdadero sentir y, poco a poco, hemos ido dejando que las creencias y hábitos sociales anulen el instinto que trajimos instalado de fábrica.

Nuestra energía y buen funcionamiento psicofísico está  asegurado, solo hace falta seguir el ritmo que marca la naturaleza y escuchar atentamente como suena y que nos dice. Es no obstante, muy difícil escuchar, cuando fuera hay tanto ruido.

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