Ver o no ver…

Veo, siempre vi, y probablemente siempre veré… ¿Qué veo? Veo un mundo hecho a la medida de mis ojos e imagino que es el único. Doy por sentado que el hecho de ver la realidad en la que vivo es algo consustancial al hecho de estar viva y pocas veces me he parado a imaginar lo que podría ser un mundo sin visión.

El sentido de la vista es primordial en nuestra sociedad actual tan acostumbrada al juicio basado en la imagen personal. Paradójicamente, gracias a esta primacía  de la vista vivimos inmersos en una ceguera de lo real, de lo genuino, de lo que perdura. Gracias a los juicios que hacemos a través de lo que vemos, apartamos, una y otra vez, todo aquello que se esconde detrás de esa fachada que nuestros ojos catalogan en función de nuestras creencias, nuestros prejuicios y nuestros gustos.

No puedo ni siquiera imaginar como es el mundo de una persona que nació no viendo. ¿Cómo será su mundo imaginario? ¿Cómo será la realidad que cree que existe? ¿Qué idea tiene de la palabra color? Se me antoja un mundo lleno de sensaciones  con las que yo jamás podré ni siquiera soñar.

Será un mundo de exquisitos olores y sonidos que yo no percibo, en gran medida, gracias a mis ojos. También, probablemente, será un mundo en el que el sentir de la piel sea tan intenso que a veces duela y en el que los juicios acerca de lo visible no son ni sospechados.

Tras esta reflexión me doy cuenta de que probablemente, aquellos que creemos ver, quizá también seamos los ciegos de otros mundos y de otras realidades que por no ser vistas, no significa que no existan. Somos ciegos a todo aquello que no sea filtrado por nuestro dominante hemisferio izquierdo y nos negamos a creer que otra interpretación de la realidad sea posible.

¿Llegará quizás el día en que sin ver podamos creer que todo aquello que se sale de la razón  o de la norma también existe? ¿Llegará también el día en el que aunque no podamos ver la inmensidad de lo creado entendamos que con las perspectiva suficiente entenderíamos que todo es como debe de ser?

No hay mayor ciego, desde luego, que el que no quiere ver…

 

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