Nada se pierde, nada se salva.

Le queda muy poco tiempo de vida, leía, o le hemos salvado la vida. También es habitual leer o escuchar que alguien perdió la vida, o dio la vida por…Llevamos siglos utilizando esta forma de pensar y de hablar sin pararnos a analizar lo absurdo de estas creencias.

¿Quién nos dijo que seguir en un cuerpo físico es estar a salvo? ¿Quién nos dijo que dejar de respirar es perder la vida? ¿Quién nos contó que dejar de estar en esta dimensión es dar la vida?

Vivimos sumergidos en creencias que un día heredamos y que nos acompañan como nubarrones que amenazan una tranquila tarde de primavera.

La vida, según yo lo entiendo, no se pierde, no se salva. No existe el poco o mucho tiempo de vida, además de porque la vida no se acaba, porque el tiempo es una invención humana. Nada hay que salvar, nada que alargar, nada que perder.

El vivir y la vida son un proceso continuo que no tiene principio pero mucho menos tiene un final. El imaginar que se acabe es pura fantasía mental que nos empequeñece haciendo que ese mismo vivir se torne angustioso y oscuro.

Nuestro vehículo físico puede deteriorarse o marchitarse sin que ello suponga el fin de nuestra vida y mucho menos el fin de la vida. No existe tal cosa que signifique salvar una vida. Como humanos no tenemos el  poder de dar o quitar la vida porque la misma vida se recrea a sí misma una y otra vez y a su antojo, sin que nuestros pequeños yoes tengan absolutamente nada que ver, por mucho que fantaseemos de lo contrario.

Un médico no salva, una medicina no salva, una decisión no salva, sobre todo porque no hay nada ni nadie que salvar, pero en el caso de que lo hubiera, la decisión de quien sigue en este plano no es tomada por ninguno de los que lo habitamos, del mismo modo que el momento de aparición en el mismo tampoco fue una decisión que tomáramos desde aquí.

¿Hasta cundo seguiremos creyendo que controlamos la vida y lo que llamamos muerte? ¿Cuándo abriremos los ojos a nuestra paradoja de insignificancia y grandeza?

El vivir con miedo a la muerte, tiñe la vida de ese mismo miedo, haciendo que el vivir se convierta en un sobrevivir que sin que nos demos cuenta se nos escapa de las manos.

Somos el Todo, somos la Vida, el principio, el fin del principio y en ese Todo la muerte no existe, solo la Vida lo inunda todo y de otra forma no puede ser.

 

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