La enfermedad no se soluciona luchando

Son pocas personas las que se han preguntado alguna vez por qué vemos la enfermedad y el mantenimiento de la salud en clave de lucha y conflicto. La naturaleza y la vida en su discurrir tienen poco de conflictivas y su único impulso es que la vida se produzca, no incluye por lo tanto, ni la lucha, ni la falta de cordura que sí que enajena la mente humana

La responsable de este enfoque es la teoría microbiana de la enfermedad que hoy en día, resulta muy rentable económicamente para aquellos que venden las «armas» con las que combatir al enemigo llamado enfermedad.

Según esta teoría, los gérmenes, bacterias o virus son los causantes de las enfermedades infecciosas. Fue Pasteur, un químico francés que en el siglo XIX, quien tergiversó el trabajo de Antoine Bechamp, científico con amplísimos estudios en biología, microbiología, química y patología.  Bechamp entendió que en los microbios está el origen de la vida, no los veía como los causantes de las enfermedades, pero Pasteur en su interpretación errónea de las investigaciones de Bechamp logró mucha visibilidad debido a que en ese momento las multinacionales farmacéuticas comenzaban su carrera. Se produjo entonces  una confluencia de intereses muy lucrativos a largo plazo tal y como actualmente podemos comprobar.

Entendiendo entonces, que somos virus y bacterias, y que el hábitat natural de algunas bacterias es el mismo ser humano, no podemos hablar de bacterias que vienen de fuera a proporcionar la enfermedad.

La enfermedad no es algo negativo, son señales de que algo está ocurriendo en el organismo, no es algo contra lo que luchar, sino todo lo contrario, exige una colaboración con el poder autoregulador del cuerpo. Por mucho que resulte más cómodo suprimir los síntomas, tal y como hace la medicina actual, esto solo supone un gran impedimento para el poder ordenador de cualquier organismo vivo.

Además de ello, como se puede observar de forma fácil, este tipo de creencia en la lucha contra las enfermedades, crea una vez más, un ser humano pasivo, sin poder personal. Si cada vez que el cuerpo «enfermara» hiciéramos un ejercicio de introspección y atendiéramos a las demandas reales que nuestro organismo nos hace a todos los niveles, podríamos darnos cuenta de que el malestar desaparece cuando desaparecen las causas que muchas veces generamos llevando un estilo de vida que ni siquiera nos gusta.

Entiendo que esta forma de ver la enfermedad desestabiliza el paradigma creado en torno al enemigo exterior y no hablemos del papel del potencial «contagiante». ¿Cómo vamos a acercarnos más unos a otros con una medicina de estas características? ¿No será quizá esta una forma de distanciamiento entre las personas para crear más discordia aún?

Os dejo con Jesús García Blanca, profesor e investigador de otros paradigmas científicos.

 

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